Fue mi primer barco
y de manera totalmente temeraria decidimos hacer nuestro primer
cruce a Uruguay junto con
la regata que el Club de Veleros San Isidro organiza para Semana
Santa. Digo temerario porque el problema es que no había
viento ese día y se nos hizo de noche para entrar en
San Juan.
Yo
tenía
mal las coordenadas cargadas en el GPS, porque había
habido un error en las instrucciones de regatas respecto de
la marcación
de la Bremen, que no verifiqué, en el apuro, en la carta.
De modo que hasta bien cerrada la noche estábamos a
tres millas de la Bremen sin ver el "arbolito
de navidad" que se nos indicaba por radio.
El Nuage se
portaba de maravillas, aunque sus patrones -mi esposo y yo-
andaban absolutamente
desorientados, pero a salvo de varaduras por estar a tres millas
de la boya. Casi por milagro vimos aparecer a motor un velero
detrás
del cual nos enfilamos raudamente, absolutamente maravillados
de ver cómo se las arreglaba para
encontrar en medio de la oscuridad las boyas ciegas del canal
de entrada a la Barra de San Juan.
Finalmente amarramos en
un lugar
absolutamente
desconocido, libres de varaduras, de contratiempos, relajados,
con la placentera inconciencia de quien desconoce el enorme banco
de arena
que está pegado
a los boyarines de la entrada.
Nuestros amigos no podian creer
que hubiéramos
podido arreglarnos para entrar sin contratiempos. Al otro día
bajamos a la playa y nos inmpresionó la suerte que habìamos
tenido. Creo que nos acompañó la suerte del principiante,
pero a la vez cierta magia del Alpha, un barco que al navegar
transmite seguridad, en especial a los novatos, que se banca
todos los errores,
y creo en nuestro caso, que nos enseñó a
navegar.
Todo mi reconocimiento para él.
Marité